viernes 5 de febrero de 2010

HASTA SIEMPRE VANE





Eran las 2 de la tarde, acababa de terminar de trabajar y aprovechando las 3 horas de comer antes de volver al tajo, me machacaba en el rocódromo lleno de motivación al ver próximo el viaje a los Alpes en busca del hielo azul. Sonaba el móvil, era una llamada de esas que nunca esperas que vayan a llegar y te dejan totalmente paralizado, el mundo se queda en paréntesis por unos instantes, te quedas sin reacción alguna como en apnea; “A Vanessa le ha pillado un alud en Cavallers…. necesitan el teléfono de su familiar”. Recogía mis cosas y marchaba para casa, lleno de pena, de rabia, de incredulidad, no sabes muy bien que es lo que sientes y se te agolpan muchos pensamientos. No la volveré a ver más, como serían sus últimos instantes, me dejé cosas por decirle, me porté bien con ella, pude haberla tratado mejor, haberla entendido y ayudado más en sus conflictos…y las respuestas que encuentras no te gustan, entonces todavía sientes más malestar contigo mismo, ya no hay segundas oportunidades. De echo, creo te pones a escribir por puro egoísmo y quedarte más tranquilo pensando que le estas haciendo un homenaje a ella, cuando en realidad lo que buscas en quedarte en paz contigo mismo.

La roca, el hielo, la nieve… lo era todo para ti, lo que te mantenía viva, tu luz en tus días de tormenta y tu plenitud cuando brillaba el sol, te entregabas y contagiabas como pocas personas toda tu energía y motivación a cualquier escalada. Ya quedaste en paz con la montaña, te dió la vida y ahora te la arrebató.

No compartí muchas de tus formas de actuar, de pensar pero pasamos muy buenos ratos juntos, escaladas que nunca olvidaré al igual que a ti con tus pronunciaciones, manías y virtudes. Descansa en paz.
































































domingo 31 de enero de 2010

AMIGOS, RISAS Y DESPUÉS HIELO Y TRAVESIA









Estos días recibiamos en Benasque la visita de uno de esos compañeros de viajes, de escaladas, de andanzas, de historias cotidianas...La excusa para encontrarnos, como no, la montaña. Por otro lado también aparecían por el valle otros dos amigos más huyendo de la cólera de la gran ciudad, con lo que el finde semana se presentaba de lo más ameno.

Piolet en mano nos dirigimos a la cara norte de Bielsa. Para los que somos aprendices de todo y maestros de nada el resultado es acabar con los antebrazos empopeyados harto de no encontrar esas formas "evidentes" para colocar los pies, acabando finalmente por dar patadas de forma desesperada para hacerte un hueco donde poner los pies y golpeando al estilo Bud Spencer con los piolet por miedo a que en cualquier momento se vaya a salir. Pero bueno, lo que queda al final es el recuerdo de haber disfrutado un día con los amigos compartiendo lo que más nos gusta hacer, ir a la montaña.

viernes 8 de enero de 2010

De como cada día vuelve a amanecer y hay alguien para poder verlo.

El sol sale por el este e inicia su lento ascenso. A las 5 de la mañana el sol aún no inicia su ascenso ni nada, se limita a no estar presente. Es en este momento, las 5 de la madrugada, cuando en un oscuro parking de un pueblo pirenaico se inicia una excursión.

Un poco después de las 6 los excursionistas llegan al balneario de Boí, una cadena atravesada en el camino les obliga a dejar el coche, todo un revés para tan aguerridos deportistas. Remolonean un rato, en el coche se está tan a gusto: calefacción, cómodos asientos y Serge Gainsbourg en el radio-cassette.

¿Para que están aquí? ¿Por qué madrugan más que el sol? Siempre las mismas preguntas. Una vez más les obligan a abandonar el coche.

Con animada charla caminan hacia la presa, amanece pero el sol no está presente.

Al fin están bajo el objetivo, lo recorren con la mirada y lo estudian. Islandis le dicen como III/5 lo definen los libros. Para acometerlo necesitarán de todo su balor y bista (dos de las tres B´s del alpinismo). Se sortean los largos. No se sabe quien es el afortunado.

El primer resalte no presenta problemas, no es necesario ni desenrollar las cuerdas.

El segundo resalte ya tiene otro aspecto, amenazante. Una combinación de hielo escaso, nieve, roca, matojos y agua, un auténtico mixto. La suerte está echada, ahí va el primero. Pertrechado con toda una colección de material aunque realmente no se sabe muy bien que se puede hacer con él. Maldiciones, sufrimiento, matojo tracción, frío, agua, miedo y por fin una campa de nieve, un pino, la seguridad de una sólida reunión.

Por fin la columna final de Islandis se muestra en todo su esplendor aunque estoy convencido de que tuvo días mejores y desde luego más generosos. Aún así la suerte es la suerte y en dos horas de resoplidos y mojaduras, de pasos acrobáticos y repisas lluviosas, de dudas y arrojo el largo (en realidad dos empalmados) está escalado, la cascada está escalada, el objetivo está cumplido.

Durante el descenso por fin al sol la fantasía de unos buevos fritos ( la tercera de las tres B´s del alpinismo) comienza a tomar forma en las mentes de los felices excursionistas.


Fotos y eso en www.korkuerika.blogspot.com/ al que le deseo toda la suerte en la excursión que emprende estos días.

lunes 4 de enero de 2010

DE COMO UN AMBICIOSO PROYECTO SE TRANSFORMA EN UN DESCENSO NOCTURNO


Sentados en un cómodo sofá de una cara cafetería de Benasque dos jóvenes se sientan delante de un ordenador, hasta ahí todo parece normal. Si nos fijamos en sus pintas empezamos a ver que algo no cuadra, polares con parches, primalofts del quechua, pantalones con tirantes...estos son alpinistas. Sus caras reflejan motivación y dudas, muchas dudas. En la pantalla del portátil aparecen gráficas y pictogramas meteorológicos, alguna foto y croquis. Hablan entre ellos, señalan, hacen gestos, menean la cabeza y hacen otros gestos*. Por fin se levantan y se saludan. Empieza la aventura.


*Consultado un experto no explica que esos gestos expresan:

-“Si hay mucha nieve se aparta”

-“ No, que va a ser hielo rollito Ben Nevis”

-”Ya será menos, con gatos y agarrándose a los cantos de colores se pasa seguro”

-“Pues yo me subo crampones y piolés, non vaia a selo demo”


Las 3 de la mañana en frente de la cafetería cara, entre la niebla aparecen los faros de un coche azul (muy bonito, de esos que podías ganar en la televisión), de un edificio circundante baja uno de los jóvenes, carga esquís y una pequeña mochila. El otro joven desciende del coche y entre los dos, sonrisa en la cara y la mirada, asientan los bultos en el pequeño maletero. Al son de gaitas suben al Hospital de Benasque.


Hace frío pero no demasiado. Se calzan las botas de travesía, están frías y rígidas, hace meses que no se les da uso. Guantes, gorro y gafas (tres de las cuatro G´s del alpinismo), todo listo. A ritmo suave pero constante empiezan a subir por la pista de fondo, al llegar al Plan d´Estan toman el “camino de invierno” hacia el glaciar de Maladetas. Por el camino recuperan una mochila que sibilinamente uno de ellos dejara escondida el día anterior para ahorrarse el subirla hasta allí con semejante día por delante.





Todo parecía un camino de rosas, sin embargo un oscuro presentimiento turbaba a nuestros protagonistas. En la mayoría de los casos si una persona o un alpinista abandona la cama a las 3 de la mañana, se pone a foquear a las 4, a medida que las horas pasan y la madrugada avanza el cielo debe empezar a tomar un color blanquecino (algo bonito de ver). Pero esa madrugada algo no iba bien. Con el transcurso de las horas se hacían más necesarias las frontales.


¿Qué sucedía? ¿Estaba el mundo loco? ¿El tipo que se encarga de encender las luces por la mañana estaba de resaca?


La explicación era más sencilla y a los jóvenes que acompañamos no se les escapaba, sorprendente para alguien que es capaz de levantarse de la cama en pleno invierno a las 3 de la mañana. Aquellos pictogramas y gráficas meteorológicas lo advertían a todos los que quisieran verlo, a los no cegados por la ambición, a quienes no estuvieran poseídos por un optimismo desaforado. Un “huevo frito” no siempre significa buen tiempo.

La desilusión se apoderó del equipo, ¿qué hacer? Sonó un rugido, una buena pista. Darle la vuelta a los esquís y descender en pos de un potente desayuno. El plan era perfecto pero algo fallaba, no conseguían descender, analizaron la situación, hablamos de mentes preclaras no les costó demasiado comprender que con las fijaciones contra la nieve era más complicado deslizarse.


Subsanado el problema, comenzó la bajada. La luna (y las frontales) mostraban la línea, la nieve polvo tres soufflé facilitaba los virajes a pesar de las voluminosas mochilas. Lástima de algún embarque que rompió la armonía del descenso pero al menos el madrugón estaba amortizado.




Y como bonus track unas focas juguetonas que decidieron abandonar la mochila a mitad (más bien y por suerte hacia el final) de la bajada provocaron una nueva subida, ya sin mochila y posterior descenso ya sin mochila y con luz, con lo que a explorar saltos y canales significa. La mañana aprovechada.


Unos buenos güevos fritos (la cuarta de las cuatros G´s del alpinismo) sirvieron como colofón al día, que en realidad estaba comenzando, todo un día para pensar en como llevar a cabo este proyecto...la Sur de Maladetas está esperando.

lunes 28 de diciembre de 2009

YOSEMITE TIERRA DE INDIOS-Parte 4


Quedaban 10 días para regresar a España, no teníamos mucho margen para entrar a nuestro objetivo final, The Shield (C.4-A2 5.8 ; 1000 metros) en el Capitán, teniendo en cuenta que preveíamos 4 noches en pared con 5 dias de escalda, más otro día para hacer los 10 primeros largos, los cuales después se ascienden por una línea de cuerdas fijas ya instaladas.




Al ataque pues, según el plan haríamos con Vane, una amiga de Benasque, estos 10 largos, free blash, comunes con otras 2 vias Salathe y Muir. Preciosos largos merecedores de hacer por si solos, fisuras, placas y chimeneas se combinan en este inicio hasta llegar las mamoth terrace. Desde aquí en 7 rápeles por cuerdas fijas, por donde constantemente descencienden y ascienden durante toda la temporada cordadas, de un par de milímetros mas gordas de su grosor original y sin a penas camisa que despelucharse , nos plantábamos de nuevo en el suelo.



Ya en suelo mirábamos por enésima vez el recorrido por donde discurre la Shield, intentando imaginarnos hay metidos. Por mucho que se mire no deja de ser sobrecogedora, intimidatoria la silueta del Capitán vista desde sus pies y más aún la línea de la ruta que habíamos elegido.

Todo iba según lo previsto, ahora tocaba un día de descanso para preparar con tranquilidad los petates; 25 litros de agua, zumos, batidos, 12 barritas energéticas, 4 latas y 4 sobres de comida preparada, hornillo, 3 juegos de friends, 2 juegos de empotradotes .…Cuando ya no teníamos nada que hacer nos dedicábamos a estudiar una y otra vez el croquis de la vía hasta que al final teníamos memorizado cualquier detalle de los 33 largos. El nudo en el estomago era constante las horas antes de empezar a escalar, mezcla de nerviosismo y a veces dudas de cómo saldrá todo, no puedes dejar de pensar en estar ya en la pared, el cansancio acumulado y el mal comer durante muchos de los días desde nuestra llegada también hacían mella, pero para poder tener éxito en este tipo de rutas no esta permitido tener dudas, la convicción de que vas a salir por arriba debe de ser del 100% y el deposito de la motivación al máximo de carga, sino estás condenado al fracaso.

A la noche, en una barbacoa alrededor del fuego despedíamos un par de amigos que regresaban a España, tomábamos el vino justo y nos íbamos a una hora prudente a disfrutar nuestra última noche en suelo firme, The Shield nos esperaba a la mañana siguiente.

6 de la mañana sonaba el despertador, pero no hacíamos intención de movernos del saco, el sonido constante del caer de la lluvia sobre la tienda nos hacía cerrar de nuevo los ojos y dar por echo que este día no iba a ser el más propicio para entrar al Capitán. Sobre las 9 de la mañana la situación de la tienda comenzaba a ser preocupante por el agua que se filtraba por las 4 esquinas, de forma que en todos los laterales de la tienda teníamos que poner ropa sucia y toallas que absorbiera el agua que entraba, sacos y mochilas eran apiladas en el centro en forma de isla. Con este panorama sólo quedaba llevarnos una taza a la cafetería, juntarnos con el resto de escaladores y servirnos un café tras otro sin pagarlos viendo llover por las cristaleras. Al día siguiente de nuevo volvía el buen tiempo, pero cuerdas, ropa, mochilas estaban empapadas con lo que nos dedicabamos a secarlo todo. Siendo sincero, estos dos días de descanso no venían nada mal para recuperar un poco más el cansancio acumulado.
Ahora si, después de preparar de nuevo todo, y con la seguridad de buen tiempo para los próximos dias, nos acostabamos bien mentalizados de comenzar a escalar The Shield.
De nuevo a las 6 de la mañana sonaba el despertador, y ahora si, desayunábamos, termminábamos de montarr los petates y nos poníamos rumbo a The Shield. El nudo en el estomago antes de entrar cada vez es mayor, mezcla de nervios, incertidumbre ante lo que vas a encontrar, las propias ansias de verte ya en faena…..Pero todo estas sensaciones desaparecen en cuanto empizas a yumarear el primer largo y subir los 50 kilos de los petates. En 6 largos que ascendiámos por cuerdas fijas y nos plantábamos en las mamoth terrace, lugar donde se inicia ya la escalada. Estos primeros largos son sencillos de hacer con un algún que otro paso picante que no superan el A2, el tiempo nos cunde y somos capaces de escalar 4 largos y así poder dormir en las repisas evitando tener que montar la hamaca. Con las primeras luces nos poníamos de nuevo en marcha. El día anterior había sido largo y físicamente agotador con lo que se hace duro esos primeros movimientos hasta que el Sol se levanta y los músculos vuelven a activarse. Un largo en diedro y una travesía de más de 40 metros nos situaban bajo el techo que da acceso al headwall. Desde el pie de vía no parecía que fuera tan pronunciado esta sección, pero cuando ves que la cuerda auxiliar sale despedida de la pared 7 u 8 metros te das cuenta de que no estás ante un simple resalte, y según sales del techo empieza realmente el espectáculo. En este punto montábamos la hamaca y ante de que la noche se nos echara encima ya estabámos en fase Rem. Bajo los pies 700 metros de vacio, sobre nuestras cabezas, un mar de gránito ligeramente desplomado y completamente liso, monotonía que solo se ve perturbada por un leve sistema de fisuras del grosor de una pincelada, y como compañero de viaje un fuerte viento capaz de poner las cuerdas en sentido horizontal. Esta sección de unos 150 metros requieren de la máxima concentración. El día sería duro, pero apurando hasta las últimas luces conseguiríamos superar estos 4 largos y disfrutar del marco incomparable que ofrece dormir en el Capitán a más de 800 metros del suelo. El cansancio empezaba a pasar factura y cada vez daba más pereza desentumecerse con las primeras luces. Pero ya sólo quedaba rematar la faena en dos días de escaladas sencillas que permitirían el goce de escalar sin presión alguna a casi mil metros del suelo. Finalmente tras 4 noches en pared y cinco días de ascensión poníamos los pies en suelo firme con una satisfacción plena.
En a penas 4 horas ya nos encontrábamos de nuevo en el campo 4 eufóricos y deseosos de meternos una buena comida acompañada de su correspondiente siesta.

Hasta la próxima Yosemite, seguro que nos volveremos a encontrar









































































viernes 27 de noviembre de 2009

YOSEMITE TIERRA DE INDIOS. Parte 3

PARTE 3: HALF DOME; Regular



Tras habernos instalado en el Campo 4, el día lo dedicábamos a montar la tienda y organizar comida y mochilas. Sin a tiempo a saborear las escaladas realizadas planeábamos ya el siguiente objetivo. El calor no daba muchas opciones, las caras norte no predominan en el valle pero la decisión fue rápida, la Regular al Half Dome, casi todo el día en sombra y situado a mas de 2000 metros de altura, sería la próxima meta. La estrategia aproximar al día siguiente por el camino más directo en unas 2 horas, dormir a pie de vía y al día siguiente con una mochila ligera intentar hacer los 750 metros de recorrido repartidos en 22 largos con una dificultad de 5.9 y C.1.





Tal cual teníamos previsto nos levantamos con calma, y tras un desayuno al más puro estilo yanki a base de huevos, beicon, patatas y café, preparábamos las mochilas (señalar que no es necesario subir agua en exceso pues hay un manantial en la misma base del Half Dome) y nos poníamos en marcha.
Al atardecer llegábamos a la base de la pared con la posibilidad de fijar algún largo pero decidíamos dejar toda la tarea para el día siguiente y disfrutar tranquilamente de los increíbles atardeceres que ofrece Yosemite en su estación Otoñal.
A las 5 de la mañana con 3 litros de agua, un saco para dos, unas barritas y algo de queso empezábamos a escalar. La Regular no te permite que te vayas despertando poco a poco, un primer largo laborioso ,de 5.10C y casi 60 metros, y un segundo de 5.9 nos hace olvidarnos rápidamente del sueño y la pereza. En estos largos empleamos más tiempo de lo normal, los músculos están aún entumecidos y la noche hace que escalemos con una mayor dosis de prudencia. Sin necesidad de comentarlo los dos sabíamos que teníamos que subir revoluciones si queríamos hacer la vía sin dormir en la pared. A medida que el día despertaba y la noche se aletargaba, nuestro ritmo iba siendo cada vez mayor. La dificultad también va siendo menor que en las dos primeras tiradas, pero no hay que relajarse. El 4º largo (5.9 que vendría a ser un “V+/6 a“), fisura de manos vertical, apretón total. Nuestra falta de técnica era suplida con verdaderas dosis de fuerza bruta a pesar de que habíamos visto los vídeos de Dean Potter escalando en sólo esta ruta y nos habíamos visualizado escalando con esa soltura. Pero el estilo daba igual, lo que importaba era ir lo más rápido posible. A partir de aquí, ya entras en la abstracción absoluta que supone escalar este tipo de vías, perdiendo la noción de tiempo y espacio, sin ser siquiera consciente de lo que estas disfrutando. Fisuras de dedos, diedros y travesías nos situaban en el largo 11 al pie de las famosas chimeneas de la Regular. Losas del tamaño de un edificio que parecen estar superpuestas y en cualquier momento se fueran a venir abajo. En esa separación que queda entre losas y la pared discurren los más de 100 metros de chimenea con secciones sencillas de fácil protección y otras en las que podríamos haber tenido una aceituna entre los dos cachetes del culo y no su hubiera caído, aquí es mejor no caerse. A las 14.30, superadas las chimeneas y ya con el Sol sobre nuestras cabezas alcanzábamos las repisas del largo 17, ideales para dormir una siesta, pero no íbamos tan sobrados de tiempo, había que escalar los 3 largos de artificial de los zig-zags y luego la espectacular travesía por la repisa “gracias a dios”, un paseo a 700 metros del suelo por un bordillo de unos 15 metros de largo y 40 o 50 cm de ancho que progresivamente se va haciendo mas estrecho. Al verlo vacilábamos con la intención de pasarlo de pie, pero el miedo escénico nos superaba y antes de mitad de repisa recurríamos a la técnica del gateo, menos estética pero mucho mas segura. Un par de largos mas y una travesía descendente nos situaba a falta de 40 metros para coronar la cima. Al iniciar estos 40 metros tuvimos que poner a prueba nuestra paciencia , la noche se nos había echado encima, sólo funcionaba un frontal y el clavo que debía aparecer entre las lisas placas se camuflaba hábilmente en una pequeña fisura, hasta que al fin tras casi 2 horas de búsqueda desesperante nos topábamos con él. Eran las 21.00 y definitivamente terminábamos esta gran clásica de la escalada mundial.









Intentamos echarnos a dormir en la cima compartiendo el saco que llevábamos, pero el frío y el viento nos hacía desistir a las pocas horas, teniendo que bajar a la base de la pared en algo mas de una hora y terminar de reposar hasta que al alba iniciábamos el descenso hasta el campo 4. Los dos días siguiente los dedicábamos a comer bien, ducharnos, descansar, escalar Moratorium, una vía de 4 largos excelente y hacer un poco de escalada social por los bloques que rodean la zona de acampada. Y a las noches el fuego servía de excusa para juntarnos en grupo alrededor de él y contar relatos y aventuras de unos y otros.













miércoles 25 de noviembre de 2009

YOSEMITE TIERRA DE INDIOS. Parte 2

PARTE 2. WASHINGTON COLUMN; The prow


23 de Septiembre,mi cumpleaños, que mejor regalo que ir a pasar mi día en la tapia, la ruta “The Prow” C.2-5.6 en el Washington Column, uno de los muros mas emblemáticos del valle por el que se recorren algunas de las mejores vias de Yosemite a lo largo de sus 400 metros de verticalidad. En una aproximación sencilla de 1 hora nos plantábamos en la base de la pared pero una cordada desesperadamente lenta nos impedía entrar a la vía y a mi soplar las “velas” colgado en la hamaca, teniendo que soplar las ramitas improvisadas colocadas en un bizcocho en la repisa de entrada a la vía, lugar donde pasábamos esa noche.






Cuando el Sol remontaba la silueta del guardián del Valle, el Half Dome, y el color del granito comenzaba a tomar un tono mas anaranjado con los primeros rayos mañaneros, ya nos encontrabamos en el tercer largo adelantando a 3 ingleses que decidían bajarse. Estos largos los seguros de autoprotección resultaban fiables pero los anclajes fijos eran de dudosa resistencia, esta iba a ser la tónica de la escalada en esta vía. Por suerte no rompió ninguno de los plomos ya instalados, sobre todo en largo 8, en una sección de plomos en la que se agotaron las cintas express al haber empalmado 2 largos para poder adelantar otra cordada de italianos, teniendo que ir bajando a recuperar material cada dos cintas, en algún momento sólo habia chapados dos plomos despeluchados y el seguro anterior 6 o 8 metros mas abajo con una repisa de por medio, sin a penas respirar y practicando la telequinesia con los plomos para que se soldaran aún mas con la pared superabamos el largo y montabamos la hamaca para pasar la noche. Aún así todavía quedaban ganas de escalar y fijabamos un largo mas antes de relajarse en la hamaca con una Cobra en la mano.




Con un batido y una barrita de nuevo comenzábamos escalar los 4 largos restantes hasta la cima. En el segundo de ellos, en uno de esos bailes que se dan los petates por la pared cuando se sueltan desde la reunión este se iba quedar atascado en una fisura ancha y profunda, con lo que esto nos haría perder bastante tiempo. Después de este largo ya solo quedaba un diedro angosto, mas fácil de escalar con los pies de gato puestos, 5.9, que en artificial C1, y un último largo de transición por terrazas y terreno descompuesto en el que subir el petate era un auténtico coñazo, mas aún al encontrarnos ya sin agua y con un calor mas propio del mes de agosto que de finales de septiembre. Sobre las 12 ganabamos la cima…. YUJUUUU!!!!, otra vía conseguida.

La bajada con los pesados petates, un horror; viras expuestas, calor, canales de tierra suelta con las raices como única sujeción, calor, pedreras rompe tobillos y mas calor sin nada de agua. Al llegar al valle un ciclista nos regalaba su botella de agua solo de ver los semblantes de nuestras caras, no hizo falta mediar palabra, el lenguaje gestual fue suficiente.

Ya de vuelta en el Camp 4 una de las mochilas había sido requisada por el ránger al no tener la etiqueta que se entrega al reservar plaza, es obligatorio poner una etiqueta en la tienda y en las mochilas para que no te pongan un warning (un aviso, al tercero multa económica, hay warning por dejar comida fuera de las celdas, si hay mas personas durmiendo en una tienda de las que figuran registradas en la etiqueta, por coger leña del monte, montar jaleo….) y en este caso te quiten la mochila. Al día siguiente la situación nos obligababa a registrarnos sin falta; la comida repartida en un par de arcones, las mochilas entre los arboles de las parcelas medio escondidas y ahora nos faltaba una de ellas, conclusión: era imprescindible legalizarnos en el Camp 4.








Esa noche la cena tocaba en el buffet del Curry, una de las zonas comerciales de Yosemite, donde nos resarciamos del desgaste sufrido hasta entonces. Tras rellenarnos un par de veces los platos a base de arroces, pasta, ensalada, burritos, patatas, carnes…y postre volvíamos a dormir esta vez en la misma puerta de la caseta de registro para poder acampar. A las 8.30 llegaba el ranger para abrir la oficina, los primeros de una larga fila eramos nosotros. Recuperábamos la mochila y nos inscribíamos solamente uno, ahorrándonos así los 5 $ diarios que es le precio por persona y día (la tienda no la cobran).